La intérprete de 29 años acaba de
participar en una de las series de televisión más populares de Israel, “Lihiot
Itá” (en español “El Panadero y la bella”), que ha sido vendida por Amazon a
200 países y parece que llegará también a Uruguay.
Nació en Israel, hija de uruguayos, y
cuando tenía seis meses, por el trabajo de su padre como agrónomo, la familia
se mudó a España donde Gal pasó su niñez. A los 9 años volvieron a Israel y al
comienzo no sabía ni una palabra de hebreo pero en cuatro meses se sintió
plenamente reinsertada. Hoy, el hebreo es su idioma más natural, aunque habla
muy bien español, un idioma que evidentemente es central en el hogar de sus
padres.
Gal, el idioma es clave para un actor y de
hecho cuando volviste de España, trataste de dejarlo de lado, pero en la serie
televisiva «Lihiot itá» en la que actuaste, justamente tu personaje
habla español. Hoy el idioma es muy atractivo en Israel.
Sin duda. Hoy está yo diría «de
moda» en Israel, por las telenovelas. Pero cuando volví de España no
quería que me reconocieran como una española porque simplemente no quería ser
diferente.
Claro, más allá de cuál sea el origen, es
el hecho que un niño precisa sentirse parte.
Sí, eso es una de las cosas que para mí
eran muy importantes. También en España. En España nosotros éramos los únicos
judíos. Vivíamos en un pueblito cerca de Sevilla, Sanlúcar de Barrameda. A mi
escuela venía una monja una vez por semana y yo me iba de la clase.
Entonces siempre me sentí como un poco
diferente. No tuve ningún problema con mis compañeros, siempre fui muy bien
aceptada. Pero yo siempre quería entender por qué no puedo rezar con los demás
o por qué no puedo ir a la Santa María, al paso, por ejemplo. Un día hasta
traje una cruz a casa y la puse arriba de mi cama, como había visto en las
casas de mis compañeras. Mis padres no me dijeron nada, pero al día siguiente
la cruz ya no estaba. Y yo quería entender por qué.
¿Y la actuación de dónde salió? Ese bichito
que hoy te encanta ¿empezó también allí, de niña?
En realidad empezó cuando imitaba a las
madres de mis amigos, en España. Porque ellas eran muy españolas evidentemente
y entonces hablaban con el acento con el que yo hablo en la serie que
interpreté ahora en Israel, el andaluz… [Imita] «Pero nada, niño, ¿qué
pasa?»
¿Y a tus compañeros les gustaba que hagas
esas imitaciones?
Sí, ¡todo el mundo me aplaudía, me decía
que lo hiciera más! Nos reuníamos los vecinos y los padres de mis amigos al
lado de mi casa, y hacíamos como un espectáculo imitando a la gente. Y mis
padres siempre me alentaban a que lo haga, así que yo sentía que me apoyaban
mucho. Realmente creo que lo hacía bien. Hoy en día si me decís imitar a
alguien, probablemente me resulte raro, porque soy actriz, pero de niña era
otra cosa, no tenía frenos que quizás de mayor uno ya tiene.
¿Tenías claro en ese momento a qué
conduciría ese placer que te daba hacer esos espectáculos?
No, para nada. A mí me gustaba hacer muchas
cosas: montaba a caballo, tocaba música, jugaba al volley, y no quería
decidirme en algo específico. Iba una vez por semana a un taller de teatro y el
tema siempre me picaba. Y debo decir que mi abuela Ruth, la mamá de mi mamá,
fue la primera que me metió en todo ese tema de la actuación. Siempre me
llevaba al teatro, al ballet…eso me ayudó mucho.
Mi vida
¿Y entonces, cuál fue el punto en el que
entendiste que debés dedicarte a esto?
Quizás suene raro, pero fue durante el
paseo a Sudamérica que hice con dos amigas, después del ejército. Estuve por
supuesto en Uruguay mucho tiempo, me encanta… Lo que pasó fue que en
determinado momento nos separamos con mis amigas y ellas siguieron por su
cuenta y en Bariloche ocurrió algo terrible porque a una de ellas la violaron.
Y además de lo que me afectó por lo que ella había vivido-hoy por suerte está
bien- también se pasa por la cabeza el pensamiento que yo podría haber estado
justo con ella y me podría haber pasado también a mí. Es muy duro. Y sentí que
fue uno de esos momentos en que tenía que decidir qué iba a hacer con mi vida.
O sea, estabas en uno de esos momentos en
los que dijiste: «Tengo que dedicar la vida a lo que quiero».
Y a mí misma, no hacer nada para satisfacer
a los demás.
¿Sentías que tus padres te trataban de
dirigir hacia un lado determinado?
No, mis padres me apoyaban en lo que yo
quisiera. Pero son muchas voces de la gente alrededor que uno oye. Yo tenía
sólo 21 años en ese momento y muchas cosas influyen. Gente que te dice que es
bueno tener un título universitario y cosas así. Pero ahí me dije «puedo
no estar aquí mañana, no sé qué me puede pasar… y tengo que hacer lo que
quiero». Y sentí claramente que la actuación me corría por las venas. Así
que ahí fui.
Ahí decidí, les dije a mis padres que
quiero estudiar actuación. Me apoyaron, como siempre. Donde postulé aceptaban a
solamente 10 de entre 700 candidatos y me aceptaron tras un proceso que te
vuelve loco, varios días, varias audiciones. Terminó bien.
Así veo a Israel
Estamos sentadas en un café, al lado del
Teatro Habima en Tel Aviv, todo un símbolo, en un ambiente que de afuera
seguramente quien no lo vio personalmente no lo concibe. ¿Cómo contarías cómo
es Israel, si alguien te pregunta?
Mirá, yo siento que vivo en una burbuja,
Tel Aviv es una burbuja, pero no en el sentido negativo como dice la gente de
afuera. Al contrario. Lo digo en el buen sentido…Si vas caminando por acá
creés que nadie trabaja y que todo el mundo solamente toma café. Pero
evidentemente no es así. Y lo que me gusta es que la gente sabe también vivir
el momento, no piensa solamente en la hipoteca que tiene que pagar. Estamos y
trabajamos, y si queremos tomar un café, tomamos un café. Y eso que tenemos, la
playa acá al lado, eso hace que la energía cambie. Porque a veces te sentís
ahogado, vas un segundo a la playa a ver la puesta del sol y te cambia todo.
¡Y hay tanta gente acá de todas partes!
Siempre ves a alguien interesante y siempre estás hablando con una persona. No
es como Los Ángeles, que es una ciudad enorme y todo el mundo está en el auto.
Acá la gente se habla, yo voy caminando, veo a un conocido, ¡es como Pocitos!
Te encontrás con todo el mundo en la Rambla, que me encanta.
Y acá también. Mi ambiente de actores y
todo, todos nos conocemos.
En Israel tenés todo en miniatura. Yo
siempre les digo: «Tenés desierto, tenés montaña, tenés playas
impresionantes, las mejores chicas que vas a encontrar, tenés todo. En seis
horas te hacés todo el país, ¿por qué no ir?» Yo iría un lugar que es así.
¿Y la vida?
La vida es buena pero es difícil. Pero creo
que es difícil en todas partes donde vivas. Pero no difícil por el tema de la
política solamente. La gente está muy estresada muchas veces, por eso digo que
Tel Aviv en eso sí es una burbuja, la gente acá está mucho menos estresada,
pero a mí a veces me es difícil, somos más «sufridores».
Acá como que lidiás con temas
existenciales, ¿no?
Sí, siempre. Alguien que hizo Ejército a
los 18 años no va a ser igual a una persona que no tuvo que hacerlo.
Madurás más temprano
Tenés que madurar. Yo tenía amigos afuera,
de España, con los que todavía estoy en contacto, que a los 18 años preguntaban
a la madre a qué hora pueden volver a casa. Yo no le voy a preguntar eso a mi madre
cuando yo esté enseñándole a chicas cómo usar un arma. No, no es equivalente.
Entonces totalmente para bien o para mal te cambia.
El vínculo con Uruguay
Antes lo mencionamos un poco al pasar, el
tema del español, de cómo «prendió» en Israel a través de las
telenovelas.
Es impresionante. A la gente le fascina el
idioma. Me hacen mucha gracias algunos comentarios de los niños en Instagram
que me ponen cosas como «Ay, me encanta el español, estaba segura que eras
Lali Espósito, y entendí que no, que eras vos»: O me piden si les puedo
enseñar español. Y muchas veces cuando la gente me reconoce me dice
«chocolate bombón», que así es como Blanca, mi personaje, llama al
novio, así que eso ya quedó como una broma. Y sin duda las telenovelas influyeron
en la gente, incentivaron el estudio del español. Y a mí me encantó interpretar
ese personaje en español, porque fue como volver a mis raíces.
¿Dónde está Uruguay en esto? ¿Por tus
padres?
Uruguay por mis padres. Y yo siempre fui a
Uruguay, una vez por año o cada dos años íbamos a Montevideo, a estar con mis
abuelos. Y mi conexión especial pasa por mi vínculo con mi abuela Ruth, la mamá
de mi mamá. Es que ella siempre me llevaba al teatro, que es espectacular en
Uruguay, y eso me quedó grabado. También íbamos mucho a Buenos Aires.
Todas las cosas más fuertes de mi familia
las tengo en Uruguay, donde nos reuníamos siempre toda la familia. Ahora
celebramos los 80 de mi abuela, también cuando cumplió mi abuelo, todos juntos.
Los personajes
¿Y qué es lo que más te gusta hacer, qué
tipo de personajes? En «Lihiot itá», tu personaje es propio de una
comedia.
Claro, es comedia. Me encanta la comedia,
me encanta hacer reír a la gente. Pero también el drama también. No me
encasillo en una cosa. A mí me fascina la gente, conocer las distintas
actitudes, cada uno es un mundo para mí. Y me encanta no ser yo. [Risas]
¿Pero por qué? ¿Qué problema hay con Gal
Macadar?
¡No! ¡No hay ningún problema! Pero me
encanta… Es muy difícil a veces ser uno mismo, te cansás ya. Y yo tengo la
opción de hacer lo que yo quiera, y lo puedo hacer en todo momento. Si hoy
quiero ser así, soy así, todo el tiempo lo hago. Creo que toda persona actúa
diferente según con quién está. A mí me encanta salir de mí misma y meterme en
el mundo de otros.
El contacto con la gente
¿Y cómo ha sido el camino hasta llegar a la
serial televisiva de la que hemos hablado, que es muy exitosa?
Trabajé en el teatro infantil de Orna
Porat, lo cual me encantaba. Pero yo quería hacer televisión. Pasé una época
difícil en que en todas las audiciones te dicen que no… pero yo me dije que
el momento va a llegar, que este año haría una serie.Y así fue.
¿Te reconocen por la calle?
Sí, me reconocen. Me encanta porque me
dicen especialmente de la actuación, porque me ven hablando hebreo, que soy
totalmente diferente y dicen «¡No! Lo hacés perfecto, creíamos que eras
española», ya que el personaje lo es. Pero lo que más me gusta es que en
cine o televisión, lo que hacés queda, no termina después que actuaste, como en
teatro, aunque también me gusta, tiene su magia. Y te permite sentir la energía
de la gente. Son dos cosas diferentes.
En el teatro sentís a la gente allí…y con
la tele podés imaginarte a una familia reunida en el comedor mirando la serial
¿no?
¿Sabés que nunca lo pensé? Cuando me lo
decís ahora…es cierto…una familia sentada. Es lindo.
¿Te gusta el contacto con el público?
Me gusta mucho cuando gente viene y me
habla, me escribe en Instagram, ¿sabés? Los nenes me llenan el corazón. Pero lo
central es que todo el tiempo me pregunto por qué lo hago. Por qué estoy
actuando, por qué decidí. Y una de las cosas es porque me encanta poder
interpretar a gente que es «transparente», que en la vida normal no
puede hablar y contar su historia, y ser yo la que la cuenta la historia. Pero
también me gustan los personajes que tienen algo para darte, para inspirarte.
Planes de futuro
¿Y qué futuro ves en tu camino? Ya dijiste
en otra entrevista que sabés dónde vive Almodóvar, y que cualquier cosa te le
presentás en la casa…pero bromas aparte ¿qué sueños tenés?
Te cuento ante todo que «Lihiot
Itá» se ha vendido a Amazon y estará en 200 países. Tengo entendido que
también en Uruguay, doblado. Además estuve en Estados Unidos tres meses con una
coach que es muy grande en todo el tema de la actuación, que me ayudó a abrir
la mente. Vi que hay mucho para hacer ahí en español, impresionante. Así que
sigo abriendo caminos, tanto allá como en España. Yo decidí algo, le doy con
todo ahora y si pega, pega, y si no, no. Aunque no creo que no.
Pero aparte el peor trámite es el que no se
hace. No podés quedarte con las ganas.
Claro y ya veo que hay frutos de lo que
estoy haciendo, entonces sigo.
Entonces a Almodóvar en dónde lo ponés,
¡con todo el trabajo que vas a tener en el medio!
No, Almodóvar siempre fue uno de mis
sueños. Es uno de los más grandes. Y a mí me encantaría también actuar en
Uruguay o en Argentina.
¿Cine es otro escalón más arriba o no
necesariamente?
Depende a quién le preguntás. Para mí sí.
La serie que hice en la televisión fue algo muy grande para mí, tiene un rating
altísimo, así que agradezco mucho siempre, porque fue mi primera oportunidad.
Pero cuando recibís algo decís «Ok, lo puedo hacer», y luego querés
seguir avanzando. Quiero actuar donde sea.
¿En Israel o querés abrir fronteras?
Primero creo que me tengo que formar acá. Y
sin duda hoy hay un auge del cine israelí. No podemos olvidar a Gal Gadot,
Mujer Maravilla. Hoy en día cuando yo digo en Los Ángeles que soy israelí te
miran de otra manera
¿Estás contenta de que cuando tenías 9 años
tus padres volvieron a Israel?
Estoy muy contenta, pero no sólo porque sea
Israel. Obviamente me encanta Israel, pero además me parece importante eso de
abrirte la cabeza para moverte de un lado al otro, de ser mucho más abierta con
las personas. Aunque la verdad es que yo, donde me pongas, me las voy a
arreglar. Así es mi naturaleza.
Vas a caer parada.
Voy a caer parada y eso es una de las cosas
que mis padres me dieron mucho. Y creo que es algo que tiene mucha gente en
Uruguay, porque como es un país chiquito, mucha gente sale y vuelve. Entonces
estoy contenta también de tener esa experiencia, de vivir en dos países.
Precioso Gal. ¿Algo más que quisieras
comentar?
Que cuando alguien realmente quiere algo,
al final lo va a conseguir si lucha por ello. Lo digo en voz alta para
recordármelo a mí misma. Y si lleva tiempo, pues otra cosa que consiga, me irá
acercando a la meta. Hasta que lo logre.
Gal Macadar, la actriz israelí que empezó a soñar en español
14/Ago/2017
Semanario Hebreo, Por Ana Jerozolimski